sábado, 30 de enero de 2016

Nuestro pequeño universo

Es una calurosa noche de verano. Sólo se escucha el sonido de los insectos nocturnos, cantando su monótona retahíla de acordes desacompasados, y mis dedos, repiqueteando en el teclado táctil del teléfono móvil.
Hablamos en el chat. Llevamos bastante rato hablando de tonterías que no le importan a nadie, pero que por alguna extraña razón a nosotros nos entretiene. Nos une. Nos hace pensar que coincidimos en muchas cosas. Aunque todo que hablamos son sartas de bobadas, escogidas al azar o quizá prescritas por el destino. Ese es uno de los temas que nunca hemos llegado a tratar.
Decidimos que el chat se queda pequeño. Llamo. Un toque, dos toques,... Descuelgas . Oigo tu voz al otro lado de la línea, como en un suave susurro. Yo, tumbada al lado de la piscina. Tú, en la cama de tu cuarto. Pero al poder oírte es como si estuviéramos los dos juntos. Descansando uno al lado del otro, en un lugar idílico donde nadie puede perturbar nuestro pequeño universo.
Me cuentas, hablando muy bajito, que hoy has soñado despierto. Soñabas que volabas tomado de mi mano. Que tu cara acercaba mucho a la mía, que se quedaba a dos centímetros. Que mi mirada reflejaba tu sonrisa infinita. Y que tus manos se deleitaban con el suave tacto de mi piel aterciopelada.
Me cuentas todo esto mientras yo lo voy imaginando en mi mente. Mientras imagino el baile de tus labios al contarlo. Y mientras también un puñal destroza mi ensoñamiento, recordándome que ya otra te ha robado el sueño. Recordándome que siempre somos y seremos amigos.Y sólo eso.
Después de tu discurso nos quedamos en silencio. Vuelven a oírse los acordes de los insectos, pero tu voz resquebraja la incomodidad asentada en ese minuto eterno. Y hablas. Y me dices que me quieres. Pero es mentira. Así que acabo con nuestro pequeño universo y cuelgo.
La noche queda callada. La línea silenciosa. Y el chat vacío.

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