No me gusta cómo me hablas, ni lo que me dices. Me hace sentir pequeña, me coacciona, y no me doy cuenta hasta que salgo de tu embrujo, pero hace correr mares por mis ojos. Me da rabia tu forma de tratarme, como si no hubiese crecido nunca, como si siguiese siendo demasiado pequeña para entender algunas cosas pero mayor para contarme otras. Me inspira mucha impotencia no ser capaz de gritarte a la cara lo mal que creo que estás conduciendo tus sentimientos, lo poco que has sabido aprovechar los míos. Lo que me apetece ahora es escupírtelos a la cara. Que todas mis palabras dedicadas a tu persona ya no las puedas leer más. Que ardan en una hoguera con mi ingenuidad. Y quiero que te des cuenta de que por fin lo has conseguido, te has librado de mí. Espero que estés contento. Era lo que llevabas deseando mucho tiempo. Ojalá fueses capaz de sentir un ápice del dolor que yo me he provocado por ti. Sé que no entiendes nada de todo lo que estoy confesando hoy, tú no sabes confesarte ni a ti mismo, también lo sé. Pero mira, estoy tan segura de que no me has prestado atención ni una sola vez en los 5 años que nos conocemos que lo único que quiero que te quede claro ahora es que no quiero que te vuelvas a aparecer en mi vida. Entiende eso y me conformo. Porque todo este tiempo me he sentido como quien habla con una muñeca y haciendo oídos sordos a personas que sí querían lo mejor para mí. Así que lo último que quiero decirte es: adiós. Cierro una etapa de mi vida y no la voy a volver a abrir.
IMAGINA...
viernes, 7 de diciembre de 2018
martes, 4 de diciembre de 2018
¿Sabes todas esas veces que te he dicho que te quería tanto? Pues es que era verdad, pero me has decepcionado tantas veces que últimamente me lo he estado replanteando. No te voy a decir el por qué ni de mi decepción ni de mi enfado. Eso es algo que debes deducir tú mismo. Si no lo consigues, tranquilo, una más ya me va a dar igual. Ya me he hartado demasiado. Todo lo que te decía es verdad, pero también es verdad que he crecido, ya no me conformo con cualquier palabrería. Te puedes guardar tus mentiras para otra persona, no las he echado de menos.
Recapacita y mira atrás si te atreves. Perdónate tú, porque yo ya no te perdono ni una más.
Recapacita y mira atrás si te atreves. Perdónate tú, porque yo ya no te perdono ni una más.
domingo, 28 de mayo de 2017
Ni un minuto más
No lo soporto.
No soporto que me humilles excusándote en que es una broma. No soporto que de un día a otro cambies totalmente de opinión y pases de mí. Que contestes sólo a lo que te interesa. Que tenga que fingir para poder hablar tranquilos. Que te enfade mi forma de magnificar mis estudios. Que levantes el tono cuando hablamos. Que cierres los ojos y des la espalda a lo que quieres. Que no le plantes cara. Ni a esto ni a lo otro. Que intentes ponerme celosa, porque no lo soy. Que me mientas a la cara.Que me hagas sentir tonta cuando hablamos de sexo. Que me hagas sentir mal sin haber hecho nada malo. No lo soporto más.
Estoy harta.
Quiero que me escuches. Que me dejes ayudarte. Que dejes de hablarme como si no me enterase de nada. Que siempre tengas algo que decirme. Que me regales una risa de vez en cuando. Que no te encierres en tu cabezonería de querer hacerte el loco para no hacer lo que debes. Lo que quieres de verdad. Quiero que te pongas en pie y des un golpe en la mesa. Quiero que hagas lo que tengas que hacer para que no vuelvas a usar ese tono derrotado de tu voz. Ese que pones los domingos por la tarde, cuando te das cuenta de que llega otra semana. Aún si eso requiere dejarme atrás. Déjame, no me va a importar si sé que ya no dependes de mí.
Suelta tus fantasmas, déjalos volar. No te enfrasques en el "no puedo" porque ni siquiera lo has intentado. Descansa cuando te hundas y, ¡vuélvete a poner en pie!
Porque la que está cansada soy yo. Cansada de personas como tú que, además, se niegan a aceptar su situación. Estoy cansada de llevarme yo los palos por lo que otros te hicieron. Ya no lo soporto más. Hace tiempo dije que no volvería a intentarlo. No volvería a ayudarte, pero...
!Despierta! Te van a comer vivo como no hagas algo ya. La vida sigue y no espera a nadie. Haz que todo lo que hagas valga la pena. Deja de joderte a ti mismo con tus pensamientos. No llevas razón. Todo lo que te enseñaron a pensar es mentira. Nadie va a pisotearte si tú no te dejas. Tu cuerpo no es perfecto. Tu forma de ser no es perfecta. Toda esa mierda no existe, así que abre los ojos. Los cuentos de princesas no son ciertos. Tus cicatrices, tus heridas, tus estrías y hasta las líneas de tus manos te hacen ser único y aún no lo sabes. Ya está bien que te des cuenta. Ya está bien que alguien te lo diga. Porque no soporto ni un minuto más esta mentira y porque tu felicidad depende de ti y de nadie más.
No quiero ni un minuto más de esta vida, ni para ti ni para mí. Ni un minuto.
No soporto que me humilles excusándote en que es una broma. No soporto que de un día a otro cambies totalmente de opinión y pases de mí. Que contestes sólo a lo que te interesa. Que tenga que fingir para poder hablar tranquilos. Que te enfade mi forma de magnificar mis estudios. Que levantes el tono cuando hablamos. Que cierres los ojos y des la espalda a lo que quieres. Que no le plantes cara. Ni a esto ni a lo otro. Que intentes ponerme celosa, porque no lo soy. Que me mientas a la cara.Que me hagas sentir tonta cuando hablamos de sexo. Que me hagas sentir mal sin haber hecho nada malo. No lo soporto más.
Estoy harta.
Quiero que me escuches. Que me dejes ayudarte. Que dejes de hablarme como si no me enterase de nada. Que siempre tengas algo que decirme. Que me regales una risa de vez en cuando. Que no te encierres en tu cabezonería de querer hacerte el loco para no hacer lo que debes. Lo que quieres de verdad. Quiero que te pongas en pie y des un golpe en la mesa. Quiero que hagas lo que tengas que hacer para que no vuelvas a usar ese tono derrotado de tu voz. Ese que pones los domingos por la tarde, cuando te das cuenta de que llega otra semana. Aún si eso requiere dejarme atrás. Déjame, no me va a importar si sé que ya no dependes de mí.
Suelta tus fantasmas, déjalos volar. No te enfrasques en el "no puedo" porque ni siquiera lo has intentado. Descansa cuando te hundas y, ¡vuélvete a poner en pie!
Porque la que está cansada soy yo. Cansada de personas como tú que, además, se niegan a aceptar su situación. Estoy cansada de llevarme yo los palos por lo que otros te hicieron. Ya no lo soporto más. Hace tiempo dije que no volvería a intentarlo. No volvería a ayudarte, pero...
!Despierta! Te van a comer vivo como no hagas algo ya. La vida sigue y no espera a nadie. Haz que todo lo que hagas valga la pena. Deja de joderte a ti mismo con tus pensamientos. No llevas razón. Todo lo que te enseñaron a pensar es mentira. Nadie va a pisotearte si tú no te dejas. Tu cuerpo no es perfecto. Tu forma de ser no es perfecta. Toda esa mierda no existe, así que abre los ojos. Los cuentos de princesas no son ciertos. Tus cicatrices, tus heridas, tus estrías y hasta las líneas de tus manos te hacen ser único y aún no lo sabes. Ya está bien que te des cuenta. Ya está bien que alguien te lo diga. Porque no soporto ni un minuto más esta mentira y porque tu felicidad depende de ti y de nadie más.
No quiero ni un minuto más de esta vida, ni para ti ni para mí. Ni un minuto.
sábado, 16 de abril de 2016
Pequeño ángel, te volviste humano.
Sí, no sé. Al fin y al cabo es así y está bien así. Yo escogí tener lo que tengo y no lo cambiaría. Si tomé esa decisión fue porque tuve razones. O quizá sólo lo hice en base a un impulso. Lo importante es que así se terció el año, en base a aquello. Y podría haber sido de otra manera. Muy probablemente lo hubiese sido. Peor o mejor no importa, únicamente distinta. Igual que lo que pasó no volverá a repetirse.
Descubrí que tenía mucho por ver. Mucho que descubrir. Mucho que aprender.
Descubrí que existen muchas maneras de ver las cosas y comencé a cuestionarme todo lo que siempre había dado por hecho. Empecé a cuestionarme que era lo que realmente quería, tanto de ti como de mi vida en general. Me replanteé qué es realmente el bien y el mal y llegué a la conclusión de que un infinito agujero negro se había tragado todo el bien de este mundo. Ya ni siquiera quedaba inocencia en las miradas de los más pequeños. No hubo justicia, y nunca la habrá, porque lo que para unos es justicia para otros es dictadura. En el punto de vista de la mirada de la sociedad hay grabado un signo de dollar. Todo se compra y se vende. Todo tiene precio. Pasamos de ser valores a ser un valor, una cifra, porque ya no queda nada a lo que acogerse. Quizá nuestros valores se esfumaron. Quizá nuestras mentes enfermas de dinero los vendieron por error un día de mercado, o quizá lo hicieron aposta y lo que pretendían era librarse de esa carga emocional.
Fuera como fuese perdí la esperanza en todo cuanto me rodeaba. No creía en nada ni me molestaba en entender la posición de nadie, simplemente estaba allí.
Dejé pasar mucho tiempo hasta que tú, pequeño semidiós alado, llegaste a mi camino. Te vendí mi alma, sí. Entiéndeme. No soportaba seguir cayendo en aquel pozo. Cual ágil gato deslizándose entre sombras te adentraste en mi vida. Hipnotizaste mis mecanismos de defensa y me coaccionaste para cerrar aquel trato con Lucifer, tu señor. Y creo que no recuerdo haber decidido que te perdonaba, que perdonada al mundo por ser así. Tampoco recuerdo haber comenzado a sentir de nuevo. Todas y cada una de las emociones que dejé morir tiempo atrás florecían de nuevo en mi pecho. Una a una se iban activando, como las luces del tiovivo de mi infancia.
Así fue como lo cambiaste todo, pequeño ángel. Tus ideas revolucionaron mi mar de dudas y tus versos mi cielo. Fuiste capaz de conseguir recrear tus propias alas y regalármelas, demostrándome así que aún quedaba un ápice de humanidad en este oscuro cavernoso mundo. Abriéndome los ojos a una faceta que creía totalmente perdida.
Compartimos muchos momentos juntos felino. Te abrí mis puertas de par en par para que Lucifer estuviese contento contigo. Pero. Siempre hay un pero. Debí imaginar que no duraría mucho. Sabiéndome partícipe de una mentira cerré los ojos con todas mis fuerzas. Yo misma me cegué. Yo decidí no querer ver lo que planeabas aún sabiéndolo perfectamente. Y yo soy entonces igual o más culpable que tú.
Una vez tuviste acceso a mí se acabó todo. Se acabaron las promesas de la construcción de un mundo mejor. Se acabaron las caricias mentales y los regalos éticos. Te convertiste en el peor huracán sin viento que jamás veré. Destrozaste todo a tu paso sin inmutarte y saliste de nuevo de mi vida. Tranquilo. Sereno. Sin una gota de culpabilidad en tu mirada, aunque en aquel tiempo los ojos empezaron a brillarte. La informe masa oscura de tu alma estaba desapareciendo. Pequeño ángel, te volviste humano. Y te dejé marchar. Vi como volabas entre escombros mientras tus alas desaparecían y se convertían en polvo negro. Vi como el horizonte te engullía en su grandeza sabiendo que volverías.
No me arrepiento de nada de lo que hice a tu lado.
Felino guardián de las puertas del infierno, fuiste desterrado por ti mismo. Pero no te alteres, volverás después de todo.
Descubrí que tenía mucho por ver. Mucho que descubrir. Mucho que aprender.
Descubrí que existen muchas maneras de ver las cosas y comencé a cuestionarme todo lo que siempre había dado por hecho. Empecé a cuestionarme que era lo que realmente quería, tanto de ti como de mi vida en general. Me replanteé qué es realmente el bien y el mal y llegué a la conclusión de que un infinito agujero negro se había tragado todo el bien de este mundo. Ya ni siquiera quedaba inocencia en las miradas de los más pequeños. No hubo justicia, y nunca la habrá, porque lo que para unos es justicia para otros es dictadura. En el punto de vista de la mirada de la sociedad hay grabado un signo de dollar. Todo se compra y se vende. Todo tiene precio. Pasamos de ser valores a ser un valor, una cifra, porque ya no queda nada a lo que acogerse. Quizá nuestros valores se esfumaron. Quizá nuestras mentes enfermas de dinero los vendieron por error un día de mercado, o quizá lo hicieron aposta y lo que pretendían era librarse de esa carga emocional.
Fuera como fuese perdí la esperanza en todo cuanto me rodeaba. No creía en nada ni me molestaba en entender la posición de nadie, simplemente estaba allí.
Dejé pasar mucho tiempo hasta que tú, pequeño semidiós alado, llegaste a mi camino. Te vendí mi alma, sí. Entiéndeme. No soportaba seguir cayendo en aquel pozo. Cual ágil gato deslizándose entre sombras te adentraste en mi vida. Hipnotizaste mis mecanismos de defensa y me coaccionaste para cerrar aquel trato con Lucifer, tu señor. Y creo que no recuerdo haber decidido que te perdonaba, que perdonada al mundo por ser así. Tampoco recuerdo haber comenzado a sentir de nuevo. Todas y cada una de las emociones que dejé morir tiempo atrás florecían de nuevo en mi pecho. Una a una se iban activando, como las luces del tiovivo de mi infancia.
Así fue como lo cambiaste todo, pequeño ángel. Tus ideas revolucionaron mi mar de dudas y tus versos mi cielo. Fuiste capaz de conseguir recrear tus propias alas y regalármelas, demostrándome así que aún quedaba un ápice de humanidad en este oscuro cavernoso mundo. Abriéndome los ojos a una faceta que creía totalmente perdida.
Compartimos muchos momentos juntos felino. Te abrí mis puertas de par en par para que Lucifer estuviese contento contigo. Pero. Siempre hay un pero. Debí imaginar que no duraría mucho. Sabiéndome partícipe de una mentira cerré los ojos con todas mis fuerzas. Yo misma me cegué. Yo decidí no querer ver lo que planeabas aún sabiéndolo perfectamente. Y yo soy entonces igual o más culpable que tú.
Una vez tuviste acceso a mí se acabó todo. Se acabaron las promesas de la construcción de un mundo mejor. Se acabaron las caricias mentales y los regalos éticos. Te convertiste en el peor huracán sin viento que jamás veré. Destrozaste todo a tu paso sin inmutarte y saliste de nuevo de mi vida. Tranquilo. Sereno. Sin una gota de culpabilidad en tu mirada, aunque en aquel tiempo los ojos empezaron a brillarte. La informe masa oscura de tu alma estaba desapareciendo. Pequeño ángel, te volviste humano. Y te dejé marchar. Vi como volabas entre escombros mientras tus alas desaparecían y se convertían en polvo negro. Vi como el horizonte te engullía en su grandeza sabiendo que volverías.
No me arrepiento de nada de lo que hice a tu lado.
Felino guardián de las puertas del infierno, fuiste desterrado por ti mismo. Pero no te alteres, volverás después de todo.
sábado, 30 de enero de 2016
Nuestro pequeño universo
Es una calurosa noche de verano. Sólo se escucha el sonido de los insectos nocturnos, cantando su monótona retahíla de acordes desacompasados, y mis dedos, repiqueteando en el teclado táctil del teléfono móvil.
Hablamos en el chat. Llevamos bastante rato hablando de tonterías que no le importan a nadie, pero que por alguna extraña razón a nosotros nos entretiene. Nos une. Nos hace pensar que coincidimos en muchas cosas. Aunque todo que hablamos son sartas de bobadas, escogidas al azar o quizá prescritas por el destino. Ese es uno de los temas que nunca hemos llegado a tratar.
Decidimos que el chat se queda pequeño. Llamo. Un toque, dos toques,... Descuelgas . Oigo tu voz al otro lado de la línea, como en un suave susurro. Yo, tumbada al lado de la piscina. Tú, en la cama de tu cuarto. Pero al poder oírte es como si estuviéramos los dos juntos. Descansando uno al lado del otro, en un lugar idílico donde nadie puede perturbar nuestro pequeño universo.
Me cuentas, hablando muy bajito, que hoy has soñado despierto. Soñabas que volabas tomado de mi mano. Que tu cara acercaba mucho a la mía, que se quedaba a dos centímetros. Que mi mirada reflejaba tu sonrisa infinita. Y que tus manos se deleitaban con el suave tacto de mi piel aterciopelada.
Me cuentas todo esto mientras yo lo voy imaginando en mi mente. Mientras imagino el baile de tus labios al contarlo. Y mientras también un puñal destroza mi ensoñamiento, recordándome que ya otra te ha robado el sueño. Recordándome que siempre somos y seremos amigos.Y sólo eso.
Después de tu discurso nos quedamos en silencio. Vuelven a oírse los acordes de los insectos, pero tu voz resquebraja la incomodidad asentada en ese minuto eterno. Y hablas. Y me dices que me quieres. Pero es mentira. Así que acabo con nuestro pequeño universo y cuelgo.
La noche queda callada. La línea silenciosa. Y el chat vacío.
Hablamos en el chat. Llevamos bastante rato hablando de tonterías que no le importan a nadie, pero que por alguna extraña razón a nosotros nos entretiene. Nos une. Nos hace pensar que coincidimos en muchas cosas. Aunque todo que hablamos son sartas de bobadas, escogidas al azar o quizá prescritas por el destino. Ese es uno de los temas que nunca hemos llegado a tratar.
Decidimos que el chat se queda pequeño. Llamo. Un toque, dos toques,... Descuelgas . Oigo tu voz al otro lado de la línea, como en un suave susurro. Yo, tumbada al lado de la piscina. Tú, en la cama de tu cuarto. Pero al poder oírte es como si estuviéramos los dos juntos. Descansando uno al lado del otro, en un lugar idílico donde nadie puede perturbar nuestro pequeño universo.
Me cuentas, hablando muy bajito, que hoy has soñado despierto. Soñabas que volabas tomado de mi mano. Que tu cara acercaba mucho a la mía, que se quedaba a dos centímetros. Que mi mirada reflejaba tu sonrisa infinita. Y que tus manos se deleitaban con el suave tacto de mi piel aterciopelada.
Me cuentas todo esto mientras yo lo voy imaginando en mi mente. Mientras imagino el baile de tus labios al contarlo. Y mientras también un puñal destroza mi ensoñamiento, recordándome que ya otra te ha robado el sueño. Recordándome que siempre somos y seremos amigos.Y sólo eso.
Después de tu discurso nos quedamos en silencio. Vuelven a oírse los acordes de los insectos, pero tu voz resquebraja la incomodidad asentada en ese minuto eterno. Y hablas. Y me dices que me quieres. Pero es mentira. Así que acabo con nuestro pequeño universo y cuelgo.
La noche queda callada. La línea silenciosa. Y el chat vacío.
domingo, 24 de enero de 2016
Y quizá...
Quizá si me dieras la oportunidad de probarte desaparecería mi deseo,
mi instinto curioso.
Quizá descubriría que realmente me he vuelto insensible a ti,
que no me importas tanto como creía,
como quería que fuese.
Quizá si desaparecieras no te extrañaría tanto como imaginé que lo haría.
Quizá me equivoqué contigo.
¿Fueron esfuerzos en vano?
Quizá te amé y no te amo.
sábado, 28 de noviembre de 2015
Así fue
Y así fue. Aquel día decidí no volver a hablar a nadie. Porque sentía que no tenía nada más que decir. Porque bajo mi punto de vista era preferible no volver a abrir la boca que tener que soltar por ella toda una sarta de hipocresías sociales sin sentido. Estaba harta de eso. De cumplir por cortesía. De tener que hacer lo que se supone que tengo que hacer. Así que ahora que no atiendo a modas, a injusticias sociales y a falsas diferencias puedo ser libre. Dejé de seguir los hilos conductores para forjar un nuevo camino. Propio. Único. Sin ataduras. Porque viví sometida durante mucho tiempo y eso no iba conmigo.
Decidí cambiar mi forma de pensar. Si seguir las normas no daba resultado debía saltármelas. Y eso fue lo que hice.
Mi primer acto de libertad fue escribirte. Cogí mi lápiz y un papel en blanco y comencé a contarte todo lo que me rondaba la cabeza. Me expuse ante ti. Te dejé verme al descubierto. Y tú, atento como siempre, hojeaste y revisaste cada palabra de las páginas que forman el libro de mi mente. Tuviste el privilegio de ser el único espectador interno de mi rebelión.
Me independicé de la sociedad y quise que tú me acompañaras en ese viaje, pero no todo sale siempre como uno desea. Tantos años de vulgaridad te habían convertido uno de ellos. Tu decisión fue quedarte allí. No arriesgar. No cambiar. No ganar.
Así fue que mientras tú llorabas mi pérdida, yo conseguí destruir mi opresión. Llegué al estado ideal de nihilismo desde el cual poder reconstruirme. Esta vez sin peros. Sin contar con nadie. Sin prejuicios.
Decidí cambiar mi forma de pensar. Si seguir las normas no daba resultado debía saltármelas. Y eso fue lo que hice.
Mi primer acto de libertad fue escribirte. Cogí mi lápiz y un papel en blanco y comencé a contarte todo lo que me rondaba la cabeza. Me expuse ante ti. Te dejé verme al descubierto. Y tú, atento como siempre, hojeaste y revisaste cada palabra de las páginas que forman el libro de mi mente. Tuviste el privilegio de ser el único espectador interno de mi rebelión.
Me independicé de la sociedad y quise que tú me acompañaras en ese viaje, pero no todo sale siempre como uno desea. Tantos años de vulgaridad te habían convertido uno de ellos. Tu decisión fue quedarte allí. No arriesgar. No cambiar. No ganar.
Así fue que mientras tú llorabas mi pérdida, yo conseguí destruir mi opresión. Llegué al estado ideal de nihilismo desde el cual poder reconstruirme. Esta vez sin peros. Sin contar con nadie. Sin prejuicios.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)