sábado, 28 de noviembre de 2015

Así fue

Y así fue. Aquel día decidí no volver a hablar a nadie. Porque sentía que no tenía nada más que decir. Porque bajo mi punto de vista era preferible no volver a abrir la boca que tener que soltar por ella toda una sarta de hipocresías sociales sin sentido. Estaba harta de eso. De cumplir por cortesía. De tener que hacer lo que se supone que tengo que hacer. Así que ahora que no atiendo a modas, a injusticias sociales y a falsas diferencias puedo ser libre. Dejé de seguir los hilos conductores para forjar un nuevo camino. Propio. Único. Sin ataduras. Porque viví sometida durante mucho tiempo y eso no iba conmigo.
Decidí cambiar mi forma de pensar. Si seguir las normas no daba resultado debía saltármelas. Y eso fue lo que hice.
Mi primer acto de libertad fue escribirte. Cogí mi lápiz y un papel en blanco y comencé a contarte todo lo que me rondaba la cabeza. Me expuse ante ti. Te dejé verme al descubierto. Y tú, atento como siempre, hojeaste y revisaste cada palabra de las páginas que forman el libro de mi mente. Tuviste el privilegio de ser el único espectador interno de mi rebelión.
Me independicé de la sociedad y quise que tú me acompañaras en ese viaje, pero no todo sale siempre como uno desea. Tantos años de vulgaridad te habían convertido uno de ellos. Tu decisión fue quedarte allí. No arriesgar. No cambiar. No ganar.
Así fue que mientras tú llorabas mi pérdida, yo conseguí destruir mi opresión. Llegué al estado ideal de nihilismo desde el cual poder reconstruirme. Esta vez sin peros. Sin contar con nadie. Sin prejuicios.

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