Podríamos olvidarnos de todo. De habernos conocido. Podría olvidar tu nombre, tu cara, tus caricias, tu sentido del humor, tu dirección o tu número de móvil; pero no serviría de nada, porque los recuerdos seguirían ahí. Acechando, en un rincón oscuro de mi memoria, dispuestos a emerger en cualquier momento.
Viviría como un buque perdido a la deriva en un mar de recuerdos. Un mar que desde la cubierta se vería infinito. Acabaría sucumbiendo a la histéria. Me lanzaría de cabeza por la proa por volver a sentirte cerca de mí, por volver a perderme en tu mirada.
Y aunque me rechaces mil veces siempre sabré que tu subconsciente opina lo contrario. Tus gestos te deletan. No te mientas más, dejate llevar por la locura, porque nadie más allá de ti y de mi va a juzgarte. Sólo por una vez, deja de respetar las normas y sé libre. Libérate de la mordaza de la sociedad, de la hipocresía que te oprime y te impide disfrutar de aquello que quieres. Termina con esta tortura y despliega tus alas, porque al hacerlo serás consciente de que ya nadie más podrá acallarte. Obsevarás desde las alturas los diminutos seres que habitan la tierra de donde procedes, y serás capaz de ver todo de un modo muy diferente, otro punto de vista.
Abrirás los ojos al verdadero mundo y sentirás el viento helado golpear tu cara. Caminarás con pies desnudos sobre nubes por las que solo transitan las ideas que llenan los cuerpos de corazón libre, porque solo aquellos que consiguen liberarse de la opresión son capaces de soñar. Son capaces de volar hasta sus metas.
En caso de que hagas todo esto, te espero aquí arriba.
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