martes, 4 de agosto de 2015

Mentiras afiladas

Cuando sientes que te clavan un puñal helado por la espalda, y notas el odioso olor de tu propia carne putrefacta por las mentiras y las promesas de otros.
 Cuando notas que el filo de la daga rasga cada fino milímetro de tu piel, y su frío corre por tus venas al tocar helada tus huesos.
Cuando sientes tu cuerpo tan magullado que ni un sólo golpe más sería percibido por tus desgastadas células sensoriales.
Entonces, es entonces, cuando te das cuenta de que ya no estás enfadada, ni tampoco dolorida por todo eso. En ese momento te das cuenta de que lo que te pasa, esa sensación extraña, es decepción.
La decepción de no poder volver a confiar en las palabras que el ser humano pone en su boca sin antes pasar por su mente.
La decepción de saber que incluso aquellos en quienes confías te traicionan.

No hay comentarios:

Publicar un comentario